Agencia de viajes basada en Costa Rica

Ámsterdam, 9 junio ’26

Jimena,

¿Por qué duré tanto en llegar a Polonia por primera vez?

Me acuerdo de que en 2011 cuando hicimos nuestro primer viaje por Europa, la lista terminó siendo típica: Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica.

París, circa Navidad 2011

¿De dónde sacamos esas ideas?

Me tomó 15 años más reservar mi primer vuelo a Varsovia. Y no fue recomendado por nadie, Mau y yo teníamos un fin de semana largo y buscamos en Google Flights cuál era la opción más barata desde Ámsterdam, con dos finalistas: Dublín y Varsovia. El vuelo a Dublín era más barato, pero haciendo todos los números (estadía, restaurantes, experiencias), Varsovia fue la decisión final.

Así, sin saber mucho del lugar, sin pensarlo demasiado, escogiendo de un día para otro cuál es el viaje de fin de semana más barato que había disponible fue como terminé en lo que ahora es una de mis capitales europeas favoritas.

¿Por qué Varsovia no tiene más fama? ¿Por qué no sale en los carruseles de Instagram nunca?

Es una de las ciudades en las que me he sentido más segura en toda mi vida. Cuando yo estaba pequeña y escuchaba sobre los goces de Europa, se veía así: palacios con jardines infinitos, una ciudad antigua en contraste con una ciudad nueva, tranvías conectándolo todo y edificios que me dejaron la quijada en el piso. También, en algunas calles se sentía como si estuviera en el centro de San José en una realidad paralela donde sí se hubiera conservado y actualizado a través del tiempo; y eso me llenaba de una sensación de esperanza indescriptible.

Pero sobre todo, se siente diferente. Europa occidental está llena de postalitas preciosas: el Palacio de Versalles, el Duomo de Florencia. Pero, tal vez porque soy muy insoportable, empecé a perder la sensación de magia cada vez que llegaba a uno de esos lugares y estaba entre un mar de turistas que parece nunca terminar. La ciudad vieja de Varsovia me regaló la autenticidad de que su iglesia más preciosa, la Iglesia de Santa Ana, estaba llena de personas rezando, incluida una pareja de monjas en la primera fila.

Yo, siendo la turista que juré destruir, tomando fotos de la iglesia.

Estar en una iglesia viva se sintió familiar para una latina como yo, pero más que eso se sintió como que estas obras maestras no están solo de adorno, sino que son parte de la vida de las personas que viven ahí. Igual con el Palacio de la Cultura y la Ciencia, la famosa torre de Stalin, con sus 42 pisos, 237 metros de altura y 3.000 habitaciones. No es solo un edificio de turistas con un mirador, sus pisos están llenos de oficinas, de gente usando este monumento arraigado en la historia comunista de la ciudad, pero monumento de todas formas.

Desde que vivo en Ámsterdam estoy acostumbrada a un cierto tipo de estética curada. El diseño minimalista en combinación con la practicidad y la limpieza que asocio con la abundancia de recursos, la perfección instagrammeable de los cafés. Es encantadora por sus canales y la conservación de su antigüedad, también sigue siendo una de las ciudades más libres del mundo, pero sí hay algo de calvinismo heredado que hace que la gente busque la practicidad y el estándar de su doe normaal (algo que yo traduciría en español tico como “no sea tan anormal”).

En Varsovia, 2 de cada 3 lugares que visitamos parecían justamente celebrar la personalidad que no los hacía “normales”. Rótulos de neón en todas partes, hornos soviéticos decorando la pared, vapor wave, la casa de la abuelita con candelabros que tenían la cera derretida de docenas de candelas a través de los años, maniquíes gigantes, bares a los que les queda totalmente bien el término “cantina”.

Y la comida, Jimena, LA COMIDA. Necesito más pierogi, más puré de papa con trufa, más panqueques de papa, más goulash, más sopita de centeno en una taza hecha de pan.

En esos 4 días, no dejé de sorprenderme. Y en mi cabeza me volvía a preguntar una y otra vez, “¿por qué nunca había pensado venir acá?”. Pero mi conclusión es que no había un mejor momento para mí y esta ciudad. Que en 2011 no hubiera ido con mi esposo al bar especializado de shots a aproximadamente 500 colones c/u donde todo prendía en fuego (y nos dieron la advertencia de no pedir más de dos sambucas por noche) ni hubiera amanecido a las 6 am en un club temático sobre celebrar una boda polaca (core memory que recomiendo 300% a cualquier persona que en su vida haya disfrutado Area City en San José). Hoy me gusta perderme, explorar, entrar a un lugar sin haberlo buscado antes. En unos años mi viaje perfecto tal vez sea buscar tranquilidad, comodidades y no ser anormal.

Habiendo dicho eso, esto es lo que me hubiera gustado saber antes de llegar a Varsovia:

  • No se necesita efectivo para nada, no hay que creerle a los reviews de Google Maps que dicen que sí. Las cosas además son baratas entonces el último día andábamos buscando dónde gastar nuestros złotys.
  • El transporte público se usa con una app (hay varias opciones, nosotros usamos Jakdojade) y hay que marcar el QR cuando se entra a cada bus o tranvía. SÍ REVISAN, entonces no recomiendo a los aventureros jugársela sin pagar.
  • La entrada al Palacio sobre el Agua es gratis los viernes. Y los jardines son simplemente un parque perfecto para correr.
  • El Museo de Varsovia es gratis los martes para las exposiciones permanentes (pero sí pagamos para la exhibición temporal que valió totalmente la pena).
  • En general cada día de la semana tiene museos o experiencias gratis para visitar.
  • Las personas no sonríen sin una razón para sonreír. Al principio es muy extraño y el reflejo latino es pensar en falta de amabilidad, pero al rato es evidente que el servicio es excelente y la gente es hospitalaria y siempre está dispuesta a ayudar.

En fin, mucho de Polonia, aún más importante: YA COMPRÉ MIS BOLETOS A COSTA RICA.

Nos vemos pronto,

Valeria