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Todos queríamos salir. Ese era el problema.

Jimena,

Durante los primeros días de la visita de la familia de Mau a Ámsterdam hubo varios momentos muy reconocibles.

Todos queríamos salir. Nadie sabía exactamente adónde.

—¿Qué hacemos?
—Lo que ustedes quieran.
—¿Comemos primero?
—Como quieran.

No había ninguna discusión. Y ese era precisamente el problema.

Todos tratábamos de ser flexibles, nadie tomaba la decisión y el día no terminaba de empezar.

Hasta que Mau proponía algo.

Parecía improvisación, pero no lo era

Mau lleva años viviendo en Ámsterdam. Conoce la ciudad, conoce a su familia y me conoce a mí.

Sabe qué lugares nos pueden gustar, cuánto tiempo toman, cómo llegar y qué alternativa queda cerca. También había investigado qué ocurría ese fin de semana.

Así terminamos en Open Monumentendag, un evento que ni siquiera todos mis compañeros de trabajo conocían.

Mau no estaba buscando “cosas que hacer en Ámsterdam” mientras seis personas esperaban junto a la puerta. Ya tenía años de información acumulada y podía usarla para ese grupo específico.

Por eso podíamos improvisar.

La pregunta es: ¿qué pasa cuando nadie tiene ese conocimiento?

En Split no tenemos un Mau

Nuestra próxima parada es Split.

Mau y yo estuvimos en Croacia en 2018 y nos encantó, pero no conocemos Split como conocemos Ámsterdam. No sabemos automáticamente cómo llegar, dónde conviene comer ni qué opción queda cerca si cambia el clima.

En una ciudad nueva, una pregunta pequeña puede convertirse en una conversación de veinte minutos.

Eso no importa tanto para una persona de 23 años viajando sola. Puede escoger un restaurante cuando ya tiene hambre, cambiar completamente de ruta y decidir el resto sobre la marcha. En ese viaje, no tener plan puede ser parte de la libertad.

Pero una familia completa no es una persona multiplicada varias veces.

Hay distintos ritmos, gustos y expectativas. Cada decisión pendiente requiere reunir al grupo, explicar las opciones y lograr que alguien escoja.

Entonces, ¿cómo se reemplaza el conocimiento que Mau tenía en Ámsterdam?

Preparándolo antes.

Lo que los cruceros entendieron primero

Hace poco, su carta partía de una idea sencilla: no todas las familias son iguales.

Hay familias que quieren pasar cada minuto juntas. Otras funcionan mejor cuando cada persona puede escoger y todos se encuentran después. Ninguna de las dos está mal, pero necesitan planes distintos.

Después, me contaron que el crucero de Islandia fue un éxito rotundo. Todos habían salido muy felices y una de las razones era que casi todo estaba resuelto.

El transporte, las comidas y las actividades ya tenían una estructura. Cada persona podía escoger sin obligar al grupo entero a comenzar otra negociación.

El crucero no logra que toda la familia quiera hacer lo mismo.

Logra que haya menos cosas sobre las cuales ponerse de acuerdo.

Estas son las decisiones que no queremos tomar en media calle

Antes de viajar, estamos tratando de responder:

  • ¿Qué espera cada persona de estas vacaciones?
  • ¿Qué queremos hacer todos juntos?
  • ¿Qué actividades pueden ser opcionales?
  • ¿Qué ritmo es realista para el grupo?
  • ¿Qué necesita reserva?
  • ¿Dónde podemos comer sin iniciar otra búsqueda desde cero?
  • ¿Cómo se decide cuando nadie tiene una preferencia?
  • ¿Qué información necesitamos tener todos por seguridad?

No hace falta que todos contestemos lo mismo. Necesitamos saber dónde están las diferencias antes de que aparezcan cuando ya estamos cansados o con hambre.

Así se ve en Split

Vamos a revisar el clima antes de cerrar los planes de cada día. Descargaremos Bolt y Promet Split para consultar rutas, horarios y buses. También tendremos accessaloo para localizar baños accesibles para Rod.

Queremos saber cómo llegar desde el aeropuerto, cuáles trayectos podemos hacer caminando, cuándo conviene pedir un carro y qué alternativas tenemos si salimos más tarde de lo previsto.

Los descansos tampoco tienen que significar volver al Airbnb. Pueden ser un almuerzo largo, un café o sentarnos a tomar algo.

No estamos decidiendo ahora qué haremos el viernes a las tres de la tarde. Estamos preparando suficientes opciones para no empezar desde cero el viernes a las tres de la tarde.

Nadie sueña con descargar una aplicación de buses

Claramente, no vamos a Croacia por la logística.

Vamos porque queremos entrar a los sótanos del Palacio de Diocleciano y reconocer los espacios de Game of Thrones. Queremos recorrer una ciudad construida dentro y alrededor de un palacio romano.

Queremos pasar un día en barco, ver las cuevas, nadar y conocer esas playas de agua ridículamente clara que aparecen en todas las fotos de Croacia.

Queremos terminar el día cenando cerca del mar, tomar algo y decidir si seguimos caminando o nos quedamos ahí.

Esas sí son decisiones que podemos dejar abiertas:

¿Nos metemos al agua otra vez?
¿Nos quedamos un rato más?
¿Pedimos otra ronda?

La idea de organizar lo demás es tener más tiempo para esto.

El itinerario no es el producto

Un buen plan familiar no tiene que controlar cada hora ni obligar a todos a permanecer juntos.

Tiene que conocer a las personas que van a usarlo.

Eso es lo que hacemos en SU Viajes: alineamos expectativas, investigamos las opciones, resolvemos lo básico y construimos alternativas antes de que el grupo las necesite.

El producto no es una lista de actividades.

Es no tener que producir esa lista en vivo, con seis teléfonos abiertos, mientras todo el mundo espera.

Y le digo algo, Jimena: esta es una de las partes de SU que más feliz me hace.

Cuando una familia nos cuenta quiénes viajan, qué espera cada persona y qué suele complicarles las vacaciones, nosotras podemos trabajar en “el antes”. Dejamos resueltos los horarios, los transportes, las reservas y las decisiones que nadie quiere tomar cuando ya está cansado o con hambre.

No hacemos que todas las personas quieran lo mismo. Hacemos que el viaje tenga espacio para todas.

Y cuando una familia puede dedicarse a disfrutar porque no tiene que organizarlo todo sobre la marcha, siento que hicimos bien nuestro trabajo.

Puede que el problema no sea ponerse de acuerdo.

Puede que algunas decisiones simplemente estén llegando demasiado tarde.

Le cuento desde Split cómo nos fue.

Un abrazo,
Valeria


TIP SU

Si están pensando en viajar en familia, no empiecen por llenar el itinerario. Empiecen por definir qué espera cada persona y cuáles decisiones no quieren tomar cuando ya estén cansados o con hambre.

Y si quieren que les ayudemos a resolver “el antes”, respóndannos con tres datos: quiénes viajan, adónde quieren ir y cuál suele ser la parte más difícil de organizar.

¿Les gustó esta carta?

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